martes, abril 01, 2014

Bilbao Mendi Trail 2014



Contento. Es la palabra que resume la carrera del domingo. Iba con malas sensaciones en las piernas, era mi primera carrera de monte, era mi primera carrera de más de 21Km, era mi primera carrera de más de 1000m de desnivel. Eran demasiadas cosas nuevas para un día.
Desde las primeras rampas fuertes, el Garmin ya empezaba a darme avisos de que llegaba al 100% de mi frecuencia cardiaca máxima, algo que en las competiciones suelo pasar, pero no quería hacerlo desde los primeros Km…Lo achaco al calor, que para esas horas el sol ya pega más fuerte de lo que me esperaba. Me quito el chaleco, me quito la camiseta térmica y me dejo solo el chaleco hasta el final de la prueba, parece que remiten los picos de pulsaciones.
Los primeros Km fueron bastante incordio en general, tuve la sensación de que tenía que haber salido más adelante pero no sabía cómo se me iba a dar mi primera carrera de monte así que fui cauto, había bastante embotellamiento en algunos puntos y los cambios de ritmo no me vinieron nada bien, sin embargo los caminos me resultaron espectaculares, me recordaba tanto a mi adolescencia haciendo el cabra por los bosques de Castro que me metí los primeros 10 Km sin enterarme entre esquivar agujeros, sortear arboles y pasar por debajo de troncos atravesados en mitad del camino. Sin embargo sí que noté que el peralte siempre hacia la izquierda me había dejado el tobillo derecho algo tocado, pero se podía continuar sin problema.
Seguí avanzando hasta el segundo avituallamiento con la misma estrategia que el primero, vaso de agua, 2 trozos de naranja, platano y frutos secos y otro vaso de agua para pasar el platano y mojarme la cabeza. Rápido y sin cortar mucho el ritmo, que si no cuesta arrancar. (En este punto iba, sin saberlo, en la posición 199)
Hasta este punto intentaba tirar de mi hermano David, que veía que estaba bajando el ritmo, hasta que en Montefuerte decidí parar un minuto a esperarle y preguntar si se estaba reservando o iba fundido…me dijo que tirara para adelante, insistí diciendo que si apretábamos podíamos plantarnos en las 2 horas y media, pero me dijo que iba a ir a su ritmo y no me quería frenar, cosa que me sentó bien y mal a partes iguales. Por un lado, a partir de ahora podría llevar mi ritmo, por otro, cuando empezó la ascensión al Arnotegi ya empecé a notar que estaba bastante tocado, recordaba esta parte dura del reconocimiento, y así se me hizo, así que saqué un par de ases de la manga.
El primero era un gel de High5 que viene ya mezclado con agua para poder tomarlo “a pelo", suelo llevar uno para emergencias casi siempre. El segundo era algo más psicológico y algo más pretencioso…La idea era simple: Si yo suelo coger referencias en otros corredores (por ejemplo, voy a ir con este de azul que parece que va al mismo ritmo que yo) y en las subidas intento no despegarme…ahora que esas referencias estaban fallando porque iba pasando continuamente a gente, y tenía que renovar referencias cada poco, me inventé una, ser yo la referencia de un corredor imaginario que iba por detrás de mí. De tal forma que si paraba o empezaba a andar, estaba perjudicándome a mí que perdería tiempo y a mi perseguidor imaginario que tendría que parar también o buscar nuevas referencias (y para aquel entonces no había más referencias porque en mi cabeza sólo estábamos la montaña y yo). Así que, como no podía fallar a mi perseguidor, seguí tirando.
El truco funcionó a la perfección, para cuando quise darme cuenta, estaba en el tercer avituallamiento, parada rápida y a seguir subiendo, los gemelos, por primera vez, empiezan a darme avisos de que existen, no molestias, pero se dejan notar. De pronto me encuentro con Laura, la pareja de mi hermano, con la cámara de fotos, ver que se ha venido hasta aquí arriba me motiva y me hace llegar hasta la cima del Arnotegi, donde conociendo ya la bajada de antemano y preparo mi ataque final.
La bajada, lejos de la poca fe que tenía en mí bajando, resulta ser un autentico desmadre, apenas retengo, confío plenamente en mis piernas y mis zapatillas de Decathlon, que habrá que jubilar después de esta…me han dado resultados excelentes pero están mayores ya…Desde la cima, no dejo de pasar gente, y gente, creo que no exagero si digo que antes de llegar al asfalto final pasé a 20 personas y otras tantas a lo largo de Miribilla.
La llegada es increíble, voy hacia la puerta del Bilbao Arena y de pronto aparece Jon, un compañero de equipo que esa misma mañana había corrido el duatlón de Barakaldo y más adelante, Laura otra vez, que ha bajado a toda leche desde el parking del Pagasarri para llegar a cogernos al llegar, entro en el pabellón y cruzo meta. El reloj marca 2:19:37 esta mañana descubro que la posición final es el 128, 71 puestos por debajo de lo que iba a mitad de carrera, parece que los dos trucos que empleé subiendo el Arnotegi funcionaron bien.


Nota: estoy pendiente de conseguir algunas fotos mías durante la carrera para subirlas...a ver si empiezan a publicar